Wednesday, September 14, 2011

ITERACIONES CINEMATOGRÁFICAS DEL CHE



Gael García Bernal en Walter Salles, Benicio del Toro en Steven Soderbergh y Víctor Hugo Robles en Álvarez.

Por Carmen Oquendo-Villar
Traducción de David Caleb Acevedo

Una pareja improbable monopolizó los titulares chilenos del dieciseisavo Festival de Cine  de Viña del Mar en el 2004: la superestrella internacional mexicana Gael García Bernal y el activista local LGBTT Víctor Hugo Robles, quien también aborda asuntos relacionados al VIH/SIDA. A pesar del marcado contraste entre sus esferas de influencia y niveles de estrellato, García Bernal y Robles tienen algo en común. Ambos se han unido a la plantilla de impersonadores del Che Guevara, incluyendo, más notablemente, a Omar Sharif, Antonio Banderas, Madonna, Cher, y más recientemente, a Benicio del Toro. (Para una lista más extensa de impersonadores del Ché Guevara vea Trisha Ziff, ed., Che Guevara: Revolutionary and Icon, New York: Abrams Image, 2006).

García Bernal había llegado a Chile para promocionar uno de los filmes más taquilleros del festival, Diarios de motocicleta por el director brasileño Walter Salles y el productor ejecutivo Robert Redford. La puesta de Diarios de motocicleta en el festival de Viña del Mar fue la premiere oficial de dicha película en Chile. Alberto Granado, el médico argentino cubano que acompañó al Ché por Latinoamérica en la vida real, viajó a Chile junto con García Bernal. En medio bombos y platillos, el filme de Gael y Salles cruzó caminos con un desconocido documental chileno que comenzó, de repente, a acaparar los titulares.  El documental El Ché de los gays --que competía en la categoría de cortos cinematográficos en 2001 y que en 2011 fue puesto en escena en el Festival del Tercer Amor en Puerto Rico--, obtuvo una notoriedad repentina. Dicha notoriedad se debió a que Víctor Hugo Robles, figura carismática muy entendida en medios de comunicación, acudió a los medios de Viña del Mar para acceder a la superestrella mexicana y lograr interpelarla efectivamente.

Ambos filmes presentaban un giro distinto a la figura histórica de Ernesto Ché Guevara. Habiendo engendrado un cartel icónico y tomado vida propia, la imagen del Ché se ha convertido tanto en un despolitizado logo de moda y en un potente símbolo en contra del sistema, usado por una amplia gama de movimientos de derechos humanos que afirman su propia liberación. El filme de Salles retorna a los comienzos de Ernesto Guevara: joven imberbe, libre de boina y uniforme, antes de su conversión en el Ché de articulada ideología revolucionaria. En A Turbulent Decade to Remember: Scenes from the Latin American Sixties (Stanford: Sanford University Press, 2007: 51), Diana Sorensen argumenta que el Ché de Salles representa la “encarnación de una promesa sin el peso de sus implicaciones radicales”. La selección de un Ché pre-revolucionario bien pudiera ser el secreto detrás del empuje y el éxito taquillero del filme, wl cual sobrepasó, inclusive, las expectativas del estudio Focus Features. La idea se sostiene por el hecho de que, aún luego de recaudar ganancias considerables con Diarios de motocicleta, Focus Features se negó a comprar Che de Steven Soderbergh (2008), film con una barbuda e icónica encarnación del Ché, cargada de implicaciones radicales. De hecho, el filme de Soderbergh encaró serias dificultades a la hora de encontrar un público tanto doméstico como internacional. Che, cuyos costos de producción rondan los 30 millones, solamente recaudó $1,497,109 en taquilla en EEUU y alrededor de 9 millones a nivel internacional.

Nada puede quedar más alejado del Che pre-ideológico del blockbuster de Gael García Bernal, que la rendición del Ché de Víctor Hugo Robles. A diferencia de las estrellas de Hollywood que representaran glamorosamente a Guevara, Robles, con su icónico semblante guerrillero, tiene una agenda política queer de izquierda. De hecho, los miembros fundadores del movimiento LGBTT chileno, MOVILH (Movimiento de Liberación Homosexual de Chile), al que Robles perteneció, situaron el movimiento en oposición a la dictadura de Pinochet, aun si los movimientos de izquierda tácitamente excluían a la gente queer. Mientras ejercía el periodismo, Robles coqueteaba con los medios de comunicación en masa para llamar la atención a las exigencias de derechos humanos en Chile, definidas ampliamente, pero también específicamente orientadas a los reclamos de la comunidad LGBTT, tales como la defensa de la maternidad lesbiana y la derogación del Artículo 365 del Código Penal Chileno que penalizaba la sodomía entre hombres homosexuales. El personaje de “El Che de los gays” fue la respuesta de Robles a esta tensión entre la política de izquierda y la vida gay: “Escogí la figura del Che porque es la máxima metáfora del revolucionario contemporáneo y al asumir parte de su figura representacional (estrella, boina y actitud guerrillera), busco politizar la homosexualidad y/o homosexualizar la política, demostrando que es posible ser homosexual y revolucionario; ser homosexual y ser de izquierda; ser homosexual y luchar por los cambios y la transformación de la sociedad”.

La decisión de Víctor Hugo en cuanto a Ché Guevera de impugnar la separación entre homosexualidad y revolución le da un lugar único a su representación, siendo el caso que muchos intelectuales y activistas de derechos LGBTT consideran al Ché Guevara como una figura homofóbica dentro de la Revolución Cubana. En Gay Cuban Nation, Emilio Bejel llega incluso a referirse al Ché Guevara como “uno de los líderes homofóbicos más firmes del período revolucionario” (100). A pesar de los UMAPs (Unidades Militares de Ayuda a la Producción, campos de trabajos forzosos para rehabilitar a individuos “anti-sociales”, incluyendo a los gays, en Cuba), Víctor Hugo se mantiene en su defensa leal de la Revolución Cubana. Durante su más reciente visita a la isla, Mariela Castro, la sexóloga más prominente de Cuba y directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX), quien también es hija del actual presidente de gobierno Raúl Castro, oficialmente aprobó la uso de la figura del Ché por parte de Víctor Hugo. Castro alegó que “si el Ché estuviera vivo, estaría apoyando nuestra causa”. Frances Negrón Muntaner ha ofrecido una reflexión crítica sobre la gestión oficializante de Mariela Castro con respecto a las causas LGBTT, utilizando el provocador término “mariconerías de estado” (ver Frances Negrón Muntaner “Mariconerías de estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana”, Nueva Sociedad No 218 noviembre-diciembre 2008).

A pesar de este tipo de cuestionamiento, la relación de Víctor Hugo con Cuba sigue siendo sólida. No le otorga demasiada importancia al incidente ocurrido durante la presentación oficial del documental en Cuba, en el cual Robles se vio envuelto en una controversia por haber citado al escritor cubano Reinaldo Arenas, quien murió de SIDA en Nueva York luego de distanciarse públicamente de la revolución. Incluso, Víctor Hugo sostuvo una disputa pública con el escritor chileno Pedro Lemebel en cuanto a la homofobia de algunos de los íconos revolucionarios más prominentes de Cuba, sobre todo el legendario cantautor Silvio Rodríguez. A diferencia de Lemebel, Víctor Hugo Robles se alineó con Rodríguez, quien en 1995 apoyó al movimiento LGBTT chileno en su esfuerzo por derogar el Artículo 365 (para un recuento del debate entre Rodríguez, Lemebel y Robles, vea Daniela Escárate, “¿Lemebel contrarrevolucionario o Silvio Rodríguez homofóbico?” Disidencia Sexual, 18 de marzo de 2009, en línea. Véase también el artículo que desató el debate: Bruno Bimbi, “Cuba, la Revolución y los gays”, Revista Actitud Gay 5 de enero de 2009, en línea). Es evidente que aún en 2011 --durante su aparición pública en las actuales manifestaciones estudiantiles por una educación pública en Chile-- Robles insiste en retener la figura del Ché Guevara en su performance político.

El Ché de los gays, dirigido por Arturo Alvarez y producido por Pamela Sierra, construye una narrativa de transformación de Víctor Hugo Robles en el Ché de los gays, dentro del contexto de las políticas sexuales de Chile. La narrativa del film se construye a través del pietaje con entrevistas a Robles, a su abuela, y a figuras clave de la izquierda chilena, tales como Gladys Marín, Tomás Moulián y Juan Pablo Sutherland. También incluye imágenes de archivo de Robles en sus apariciones en los medios chilenos. Esta queerización de la imagen del Ché por parte de Víctor Hugo se acentúa con la arrolladora banda sonora del documental, que se traga algunas de las escenas con canciones de Rafael, Pettinellis y Camilo Sesto, panorama musical habitual de la escena gay chilena. El documental de Álvarez explora el activismo LGBTT de Víctor Hugo a través de la imagen del Comandante, mientras registra la reacción del público chileno ante un Ché Guevara en pleno transformismo drag. De hecho, el director Arturo Álvarez pertenece a una generación de jóvenes documentalistas en Chile, quienes, habiendo aprendido de maestros como Patricio Guzmán, se interesan en recuperar historias de resistencia de la juventud chilena. Documentales como El Che de los gays, Malditos: La historia de los Fiskales Ad-Hok de Pablo Insunza, sobre la contracultura musical chilena de los 80, y Actores secundarios de Pachi Bustos y Jorge Leiva, acerca de estudiantes politizados de escuela secundaria, desafían la supuesta despolitización de la “desmemoriada” juventud chilena llamada así por muchos, incluyendo al mismo Guzmán en filmes como La memoria obstinada.

Por cierto, la despolitización de este sector de la población chilena ha sido puesta en entre dicho por el altamente creativo resurgir político de la juventud durante el primer gobierno de derecha tras la transición a la democracia. Entre las filas de los politizados estudiantes se pavoneó el Ché de los Gays. Por cierto, como el mismo Ché chileno señala: “En medio de un contexto de protestas, manifestaciones y tomas estudiantiles varias, el movimiento LGTB ha tenido su propia agenda, destacando la marcha por la "igualdad" -convocada por MOVILH- realizada el 25 de junio de 2011 y un Encuentro Nacional Trans - Lésbico el 25 y 26 de junio, organizado por el Movimiento por la Diversidad Sexual MUMS. El Che de los Gays participó del Encuentro Nacional y de la marcha del 25 rindiendo homenaje a lo que fue el MOVILH histórico, utilizando la sigla histórica y una imagen de Salvador Allende en medio de su natalicio del 26 de junio para aludir al épico discurso del 11 de septiembre de 1973 cuando señaló: "Y se abrirán las grandes alamedas por donde pasen los hombres libres para construir un mundo mejor". El Che de los Gays torció la frase original de Allende proclamando su versión: "Y se abrirán las grandes alamedas por donde pasen homosexuales, lesbianas y travestis libres para construir un mundo mejor". Incluso, para el 14 de julio 2011, a 222 años de la Toma de la Bastilla en París, se hizo una participación masiva de activistas LGTB, cruzando las demandas estudiantiles con las protestas de los estudiantes por una educación pública y estatal.

El documental de Álvarez explora una tensión en el carácter construido por Robles. Aunque seducido por la imagen combatiente del Che, captada emblemáticamente por la ya legendaria foto del fotógrafo cubano Alberto Korda, otra imagen también ronda el performance en “El Ché de los gays.” Se trata de la foto de un Ché Guevara asesinado, mientras su cuerpo yacía inerte sobre una mesa rodeada de sus captores, tomada por el fotógrafo boliviano Freddy Alborta. En su documental, Álvarez le presta singular importancia a una entrevista con el sociólogo Tomás Moulián. De acuerdo a Moulián, el performance de Robles hace referencia directa a ese Ché derrotado que se ve en la última fotografía de Alborta: “Tiene un aspecto desvalido, no puede representar a Ché de la carabina, entonces, él representa un cierto Ché, el Ché de la derrota y él usa las imágenes de la derrota. Yo creo que se inspira en el Ché muerto, entonces, es un gesto interesante, es un gesto descolocante, que se vincula más al Ché patético, el patetismo del profeta desarmado, al profeta semiarmado. Él no representa el realismo, sino que el idealismo, el gesto. Es alguien que busca el poder abandonándolo, hay algo en la figura misma de Víctor Hugo Robles que le permite jugar bien ese papel, y donde se une la simbología cristiana con la simbología política, entonces yo creo que es una performance interesante, muy interesante.”

Siendo Moulián el manejador de campaña de Gladys Marín, candidata presidencial comunista derrotada una y otra vez en las urnas, tiene posturas sobre el performance de Víctor Hugo que resuenan con otras derrotas de la historia chilena. Estas derrotas incluyen el colapso de Allende en 1973 y la crisis que le siguió, evento estudiando por Carlos Altamirano en su libro Dialéctica de una derrota; la derrota de Pinochet durante el plebiscito de 1989; la caída del Muro de Berlín y el triunfo del capitalismo global, así como la transición de Chile hacia la democracia, lo que marginó la izquierda revolucionaria del país. De hecho, la imagen de Alborta de un Ché muerto rodeado de sus captores militares resuena en el imaginario chileno con otra imagen de derrota: la ampliamente circulada fotografía del cadáver de Salvador Allende siendo removido por personal militar del palacio de la Moneda tras el golpe de estado de Pinochet. Las dimensiones de esa derrota, por cierto, volvieron a ser puestas en tela de juicio en el Chile del 2011, ya que se volvió a cuestionar el suicidio de Allende. Las dudas sobre la exacta dimensión de la derrota llevó a la exhumación del cuerpo de Allende para determinar la circunstancia exacta de su muerte. Ya un grupo de expertos internacionales determinó que Allende efectivamente se suicidó y que los militares no lo asesinaron. A pesar de las resonancias con la historia derrotada o derrotadora, Víctor Hugo no inscribe su performance político dentro de la noción de la derrota. Sin embargo, al darle importancia a la entrevista con Moulián, el documental subraya esa interpretación.

Ernesto Guevara se convirtió en un ícono pop tras su muerte. “El Ché de los gays” de Víctor Hugo ha derivado nueva vida del difunto. Con boca pintorreteada de rojo, con una intensidad de color que desborda sus labios, cual si chorreara sangre, Víctor Hugo ha vampíricamente chupado aliento del exquisito cadáver guerrillero. El Ché de los gays enmarcó su propia persona alrededor del cuerpo derrotado del Ché, así como de otros cuerpos enfermos, martirizados y lacerados de figuras como San Sebastián y Jesucristo --una figura que se invoca a menudo en la iconografía del Ché, por ejemplo, Chesucristo. Inmerso en la iconografía del contagio y la contaminación (de mensajes, puntos de vista políticos y pureza), la figura de Robles alude a contagios biológicos y explora las maneras en que el concepto de la enfermedad ha enmarcado comportamientos culturalmente resonantes como el radicalismo y la homosexualidad. De hecho, la debilidad y la dolencia son un hilo conductor entre las impersonaciones de Gael García Bernal y Víctor Hugo Robles. Mientras que el filme de Salles retrata un Ernesto joven y asmático, el cuerpo del Ché Guevara contiene una dualidad que Robles abrazó: fuerza desenfrenada alimentada por sus ideas y acciones políticas y fragilidad física acarreada por el asma. El asma fragilizó el cuerpo del guerrillero, convirtiéndolo tanto en médico (que lo fue, por adiestramiento) de enfermedades sociales latinoamericanas y en paciente de su propia condición física. Al vivir abiertamente con VIH, el Ché chileno reconoció esta dualidad en el modelo impersonado y alguna vez puso en la estrella de su boina el lema: “CHE, TE ASMO” (cambiando la palabra “amor” por otra que combina “asma” con “amor”: “asmo”).

Por el momento, cualquier diálogo existente entre los dos Chés se quedará en la página y entre dos pantallas. Robles trató de establecer un diálogo de Ché a Ché con García Bernal a través de los medios chilenos. Apareció en televisión para invitar en vivo a la superestrella a la puesta en escena del documental, esperando entablar una conversación acerca de las políticas de representar al Ché. García Bernal, sin embargo, no asistió a la puesta en escena del documental en Viña del Mar, el cual ganó varios premios, incluyendo mejor documental, en el II Festival de Filmes Gays/Lésbicos y Transexuales de Bilbao, España. La conversación entre ambos Ches queda por darse. Y tiene un invitado pendiente: Benicio del Toro y su versión híper macho de El Comandante.

Revista CORPÓREO III
Puerto Rico, septiembre de 2011

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