Gael
García Bernal en Walter Salles, Benicio del Toro en Steven
Soderbergh y Víctor Hugo Robles en Álvarez.
Por
Carmen Oquendo-Villar
Traducción de David Caleb Acevedo
Traducción de David Caleb Acevedo
Una
pareja improbable monopolizó los titulares chilenos del dieciseisavo
Festival de Cine de Viña del Mar en el 2004: la superestrella
internacional mexicana Gael García Bernal y el activista local LGBTT
Víctor Hugo Robles, quien también aborda asuntos relacionados al
VIH/SIDA. A pesar del marcado contraste entre sus esferas de
influencia y niveles de estrellato, García Bernal y Robles tienen
algo en común. Ambos se han unido a la plantilla de impersonadores
del Che Guevara, incluyendo, más notablemente, a Omar Sharif,
Antonio Banderas, Madonna, Cher, y más recientemente, a Benicio del
Toro. (Para una lista más extensa de impersonadores del Ché Guevara
vea Trisha Ziff, ed., Che
Guevara: Revolutionary and Icon,
New York: Abrams Image, 2006).
García
Bernal había llegado a Chile para promocionar uno de los filmes más
taquilleros del festival, Diarios
de motocicleta
por el director brasileño Walter Salles y el productor ejecutivo
Robert Redford. La puesta de Diarios
de motocicleta
en el festival de Viña del Mar fue la premiere oficial de dicha
película en Chile. Alberto Granado, el médico argentino cubano que
acompañó al Ché por Latinoamérica en la vida real, viajó a Chile
junto con García Bernal. En medio bombos y platillos, el filme de
Gael y Salles cruzó caminos con un desconocido documental chileno
que comenzó, de repente, a acaparar los titulares. El
documental El
Ché de los gays
--que competía en la categoría de cortos cinematográficos en 2001
y que en 2011 fue puesto en escena en el Festival del Tercer Amor en
Puerto Rico--, obtuvo una notoriedad repentina. Dicha notoriedad se
debió a que Víctor Hugo Robles, figura carismática muy entendida
en medios de comunicación, acudió a los medios de Viña del Mar
para acceder a la superestrella mexicana y lograr interpelarla
efectivamente.
Ambos
filmes presentaban un giro distinto a la figura histórica de Ernesto
Ché Guevara. Habiendo engendrado un cartel icónico y tomado vida
propia, la imagen del Ché se ha convertido tanto en un despolitizado
logo de moda y en un potente símbolo en contra del sistema, usado
por una amplia gama de movimientos de derechos humanos que afirman su
propia liberación. El filme de Salles retorna a los comienzos de
Ernesto Guevara: joven imberbe, libre de boina y uniforme, antes de
su conversión en el Ché de articulada ideología revolucionaria. En
A
Turbulent Decade to Remember: Scenes from the Latin American Sixties
(Stanford: Sanford University Press, 2007: 51), Diana Sorensen
argumenta que el Ché de Salles representa la “encarnación de una
promesa sin el peso de sus implicaciones radicales”. La selección
de un Ché pre-revolucionario bien pudiera ser el secreto detrás del
empuje y el éxito taquillero del filme, wl cual sobrepasó,
inclusive, las expectativas del estudio Focus Features. La idea se
sostiene por el hecho de que, aún luego de recaudar ganancias
considerables con Diarios
de motocicleta,
Focus Features se negó a comprar Che
de Steven Soderbergh (2008), film con una barbuda e icónica
encarnación del Ché, cargada de implicaciones radicales. De hecho,
el filme de Soderbergh encaró serias dificultades a la hora de
encontrar un público tanto doméstico como internacional. Che,
cuyos costos de producción rondan los 30 millones, solamente recaudó
$1,497,109 en taquilla en EEUU y alrededor de 9 millones a nivel
internacional.
Nada
puede quedar más alejado del Che pre-ideológico del blockbuster
de Gael García Bernal, que la rendición del Ché de Víctor Hugo
Robles. A diferencia de las estrellas de Hollywood que representaran
glamorosamente a Guevara, Robles, con su icónico semblante
guerrillero, tiene una agenda política queer de izquierda. De hecho,
los miembros fundadores del movimiento LGBTT chileno, MOVILH
(Movimiento de Liberación Homosexual de Chile), al que Robles
perteneció, situaron el movimiento en oposición a la dictadura de
Pinochet, aun si los movimientos de izquierda tácitamente excluían
a la gente queer. Mientras ejercía el periodismo, Robles coqueteaba
con los medios de comunicación en masa para llamar la atención a
las exigencias de derechos humanos en Chile, definidas ampliamente,
pero también específicamente orientadas a los reclamos de la
comunidad LGBTT, tales como la defensa de la maternidad lesbiana y la
derogación del Artículo 365 del Código Penal Chileno que
penalizaba la sodomía entre hombres homosexuales. El personaje de
“El Che de los gays” fue la respuesta de Robles a esta tensión
entre la política de izquierda y la vida gay: “Escogí la figura
del Che porque es la máxima metáfora del revolucionario
contemporáneo y al asumir parte de su figura representacional
(estrella, boina y actitud guerrillera), busco politizar la
homosexualidad y/o homosexualizar la política, demostrando que es
posible ser homosexual y revolucionario; ser homosexual y ser de
izquierda; ser homosexual y luchar por los cambios y la
transformación de la sociedad”.
La
decisión de Víctor Hugo en cuanto a Ché Guevera de impugnar la
separación entre homosexualidad y revolución le da un lugar único
a su representación, siendo el caso que muchos intelectuales y
activistas de derechos LGBTT consideran al Ché Guevara como una
figura homofóbica dentro de la Revolución Cubana. En Gay
Cuban Nation,
Emilio Bejel llega incluso a referirse al Ché Guevara como “uno de
los líderes homofóbicos más firmes del período revolucionario”
(100). A pesar de los UMAPs (Unidades Militares de Ayuda a la
Producción, campos de trabajos forzosos para rehabilitar a
individuos “anti-sociales”, incluyendo a los gays, en Cuba),
Víctor Hugo se mantiene en su defensa leal de la Revolución Cubana.
Durante su más reciente visita a la isla, Mariela Castro, la
sexóloga más prominente de Cuba y directora del Centro Nacional de
Educación Sexual de Cuba (CENESEX), quien también es hija del
actual presidente de gobierno Raúl Castro, oficialmente aprobó la
uso de la figura del Ché por parte de Víctor Hugo. Castro alegó
que “si el Ché estuviera vivo, estaría apoyando nuestra causa”.
Frances Negrón Muntaner ha ofrecido una reflexión crítica sobre la
gestión oficializante de Mariela Castro con respecto a las causas
LGBTT, utilizando el provocador término “mariconerías de estado”
(ver Frances Negrón Muntaner “Mariconerías
de estado: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana”,
Nueva
Sociedad No
218 noviembre-diciembre 2008).
A
pesar de este tipo de cuestionamiento, la relación de Víctor Hugo
con Cuba sigue siendo sólida. No le otorga demasiada importancia al
incidente ocurrido durante la presentación oficial del documental en
Cuba, en el cual Robles se vio envuelto en una controversia por haber
citado al escritor cubano Reinaldo Arenas, quien murió de SIDA en
Nueva York luego de distanciarse públicamente de la revolución.
Incluso, Víctor Hugo sostuvo una disputa pública con el escritor
chileno Pedro Lemebel en cuanto a la homofobia de algunos de los
íconos revolucionarios más prominentes de Cuba, sobre todo el
legendario cantautor Silvio Rodríguez. A diferencia de Lemebel,
Víctor Hugo Robles se alineó con Rodríguez, quien en 1995 apoyó
al movimiento LGBTT chileno en su esfuerzo por derogar el Artículo
365 (para un recuento del debate entre Rodríguez, Lemebel y Robles,
vea Daniela Escárate, “¿Lemebel contrarrevolucionario o Silvio
Rodríguez homofóbico?” Disidencia
Sexual,
18 de marzo de 2009, en línea. Véase también el artículo que
desató el debate: Bruno Bimbi, “Cuba, la Revolución y los gays”,
Revista
Actitud Gay
5 de enero de 2009, en línea). Es evidente que aún en 2011
--durante su aparición pública en las actuales manifestaciones
estudiantiles por una educación pública en Chile-- Robles insiste
en retener la figura del Ché Guevara en su performance político.
El
Ché de los gays, dirigido
por Arturo Alvarez y producido por Pamela Sierra,
construye una narrativa de transformación de Víctor Hugo Robles en
el Ché de los gays, dentro del contexto de las políticas sexuales
de Chile. La
narrativa del film se construye a través del pietaje con entrevistas
a Robles, a su abuela, y a figuras clave de la izquierda chilena,
tales como Gladys Marín, Tomás Moulián y Juan Pablo Sutherland.
También incluye imágenes de archivo de Robles en sus apariciones en
los medios chilenos. Esta queerización
de la imagen del Ché por parte de Víctor Hugo se acentúa con la
arrolladora banda sonora del documental, que se traga algunas de las
escenas con canciones de Rafael, Pettinellis y Camilo Sesto, panorama
musical habitual de la escena gay chilena. El documental de Álvarez
explora el activismo LGBTT de Víctor Hugo a través de la imagen del
Comandante, mientras registra la reacción del público chileno ante
un Ché Guevara en pleno transformismo drag. De hecho, el director
Arturo Álvarez pertenece a una generación de jóvenes
documentalistas en Chile, quienes, habiendo aprendido de maestros
como Patricio Guzmán, se interesan en recuperar historias de
resistencia de la juventud chilena. Documentales como El
Che de los gays, Malditos: La historia de los Fiskales Ad-Hok
de Pablo Insunza, sobre la contracultura musical chilena de los 80, y
Actores
secundarios
de Pachi Bustos y Jorge Leiva, acerca de estudiantes politizados de
escuela secundaria, desafían la supuesta despolitización de la
“desmemoriada” juventud chilena llamada así por muchos,
incluyendo al mismo Guzmán en filmes como La
memoria obstinada.
Por cierto, la despolitización de este sector de la población chilena ha sido puesta en entre dicho por el altamente creativo resurgir político de la juventud durante el primer gobierno de derecha tras la transición a la democracia. Entre las filas de los politizados estudiantes se pavoneó el Ché de los Gays. Por cierto, como el mismo Ché chileno señala: “En medio de un contexto de protestas, manifestaciones y tomas estudiantiles varias, el movimiento LGTB ha tenido su propia agenda, destacando la marcha por la "igualdad" -convocada por MOVILH- realizada el 25 de junio de 2011 y un Encuentro Nacional Trans - Lésbico el 25 y 26 de junio, organizado por el Movimiento por la Diversidad Sexual MUMS. El Che de los Gays participó del Encuentro Nacional y de la marcha del 25 rindiendo homenaje a lo que fue el MOVILH histórico, utilizando la sigla histórica y una imagen de Salvador Allende en medio de su natalicio del 26 de junio para aludir al épico discurso del 11 de septiembre de 1973 cuando señaló: "Y se abrirán las grandes alamedas por donde pasen los hombres libres para construir un mundo mejor". El Che de los Gays torció la frase original de Allende proclamando su versión: "Y se abrirán las grandes alamedas por donde pasen homosexuales, lesbianas y travestis libres para construir un mundo mejor". Incluso, para el 14 de julio 2011, a 222 años de la Toma de la Bastilla en París, se hizo una participación masiva de activistas LGTB, cruzando las demandas estudiantiles con las protestas de los estudiantes por una educación pública y estatal.
El
documental de Álvarez explora una tensión en el carácter
construido por Robles. Aunque seducido por la imagen combatiente del
Che, captada emblemáticamente por la ya legendaria foto del
fotógrafo cubano Alberto Korda, otra imagen también ronda el
performance en “El Ché de los gays.” Se trata de la foto de un
Ché Guevara asesinado, mientras su cuerpo yacía inerte sobre una
mesa rodeada de sus captores, tomada por el fotógrafo boliviano
Freddy Alborta. En su documental, Álvarez le presta singular
importancia a una entrevista con el sociólogo Tomás Moulián. De
acuerdo a Moulián, el performance de Robles hace referencia directa
a ese Ché derrotado que se ve en la última fotografía de Alborta:
“Tiene un aspecto desvalido, no puede representar a Ché de la
carabina, entonces, él representa un cierto Ché, el Ché de la
derrota y él usa las imágenes de la derrota. Yo creo que se inspira
en el Ché muerto, entonces, es un gesto interesante, es un gesto
descolocante, que se vincula más al Ché patético, el patetismo del
profeta desarmado, al profeta semiarmado. Él no representa el
realismo, sino que el idealismo, el gesto. Es alguien que busca el
poder abandonándolo, hay algo en la figura misma de Víctor Hugo
Robles que le permite jugar bien ese papel, y donde se une la
simbología cristiana con la simbología política, entonces yo creo
que es una performance interesante, muy interesante.”
Siendo
Moulián el manejador de campaña de Gladys Marín, candidata
presidencial comunista derrotada una y otra vez en las urnas, tiene
posturas sobre el performance de Víctor Hugo que resuenan con otras
derrotas de la historia chilena. Estas derrotas incluyen el colapso
de Allende en 1973 y la crisis que le siguió, evento estudiando por
Carlos Altamirano en su libro Dialéctica
de una derrota;
la derrota de Pinochet durante el plebiscito de 1989; la caída del
Muro de Berlín y el triunfo del capitalismo global, así como la
transición de Chile hacia la democracia, lo que marginó la
izquierda revolucionaria del país. De hecho, la imagen de Alborta de
un Ché muerto rodeado de sus captores militares resuena en el
imaginario chileno con otra imagen de derrota: la ampliamente
circulada fotografía del cadáver de Salvador Allende siendo
removido por personal militar del palacio de la Moneda tras el golpe
de estado de Pinochet. Las dimensiones de esa derrota, por cierto,
volvieron a ser puestas en tela de juicio en el Chile del 2011, ya
que se volvió a cuestionar el suicidio de Allende. Las dudas sobre
la exacta dimensión de la derrota llevó a la exhumación del cuerpo
de Allende para determinar la circunstancia exacta de su muerte. Ya
un grupo de expertos internacionales determinó que Allende
efectivamente se suicidó y que los militares no lo asesinaron. A
pesar de las resonancias con la historia derrotada o derrotadora,
Víctor Hugo no inscribe su performance político dentro de la noción
de la derrota. Sin embargo, al darle importancia a la entrevista con
Moulián, el documental subraya esa interpretación.
Ernesto
Guevara se convirtió en un ícono pop tras su muerte. “El Ché de
los gays” de Víctor Hugo ha derivado nueva vida del difunto. Con
boca pintorreteada de rojo, con una intensidad de color que desborda
sus labios, cual si chorreara sangre, Víctor Hugo ha vampíricamente
chupado aliento del exquisito cadáver guerrillero. El Ché de los
gays enmarcó su propia persona alrededor del cuerpo derrotado del
Ché, así como de otros cuerpos enfermos, martirizados y lacerados
de figuras como San Sebastián y Jesucristo --una figura que se
invoca a menudo en la iconografía del Ché, por ejemplo,
Chesucristo. Inmerso en la iconografía del contagio y la
contaminación (de mensajes, puntos de vista políticos y pureza), la
figura de Robles alude a contagios biológicos y explora las maneras
en que el concepto de la enfermedad ha enmarcado comportamientos
culturalmente resonantes como el radicalismo y la homosexualidad. De
hecho, la debilidad y la dolencia son un hilo conductor entre las
impersonaciones de Gael García Bernal y Víctor Hugo Robles.
Mientras que el filme de Salles retrata un Ernesto joven y asmático,
el cuerpo del Ché Guevara contiene una dualidad que Robles abrazó:
fuerza desenfrenada alimentada por sus ideas y acciones políticas y
fragilidad física acarreada por el asma. El asma fragilizó el
cuerpo del guerrillero, convirtiéndolo tanto en médico (que lo fue,
por adiestramiento) de enfermedades sociales latinoamericanas y en
paciente de su propia condición física. Al vivir abiertamente con
VIH, el Ché chileno reconoció esta dualidad en el modelo
impersonado y alguna vez puso en la estrella de su boina el lema:
“CHE, TE ASMO” (cambiando la palabra “amor” por otra que
combina “asma” con “amor”: “asmo”).
Por
el momento, cualquier diálogo existente entre los dos Chés se
quedará en la página y entre dos pantallas. Robles trató de
establecer un diálogo de Ché a Ché con García Bernal a través de
los medios chilenos. Apareció en televisión para invitar en vivo a
la superestrella a la puesta en escena del documental, esperando
entablar una conversación acerca de las políticas de representar al
Ché. García Bernal, sin embargo, no asistió a la puesta en escena
del documental en Viña del Mar, el cual ganó varios premios,
incluyendo mejor documental, en el II Festival de Filmes
Gays/Lésbicos y Transexuales de Bilbao, España. La conversación
entre ambos Ches queda por darse. Y tiene un invitado pendiente:
Benicio del Toro y su versión híper macho de El Comandante.
Puerto Rico, septiembre de 2011

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