Tuesday, April 15, 2008

BANDERA HUECA


VAMOS A ANDAR
El amor que no osa decir su nombre
(Oscar Wilde)

Nací el 13 de febrero de 1969, en medio de una familia tradicional, machista y futbolera. Desde pequeño sentí mi diferencia. Recuerdo muchas veces haber llegado llorando a mi casa porque en las calles me molestaban: “Maricón”, “coliza”, “colipato” y otras palabras ofensivas, eran los gritos que escuchaba reiteradamente.Tenía la voz dulce, era delgadito, aunque la homosexualidad en ese minuto era un misterio en mi pequeña existencia. No entendía las agresiones, ni el sentido de tantos insultos gratuitos, pero aprendí a convivir con ellos, construyendo una coraza que me protegió de burlas, atropellos y comentarios. Así, mientras reinaba en mi cuarto propio, comencé a descubrir mi infantil sexualidad, explorando cuerpos, emociones y sensaciones con otros compañeros del colegio. No tengo muchos recuerdos de aquella época, excepto esas primeras exploraciones sexuales, aunque debo reconocer que mi infancia, junto con ser pobre, fue solitaria debido a las burlas y la estigmatización.
Luego, de adolescente, experimenté las peripecias teatrales de intentar parecer lo que no era, un joven heterosexual. Fue difícil actuar lo más hombre posible, ya que desde muy pequeño me gustó vestir llamativo y mi actuar delataba mis otras maneras. Si bien de niño sentí que era un ser humano diferente y exploré mis primeras erotizaciones, más joven, el sentir homosexual comenzó a transformarse en un sentimiento recurrente y en un complicado proceso del cual intenté huir muchas veces por miedo al qué dirán. Felizmente no pude escapar a mi destino y terminé transformando mis miedos infantiles en fortalezas políticas, que se expresó en las muchas batallas emprendidas junto al Movimiento de Liberación Homosexual de Chile, MOVILH, durante los efervescentes años de la democracia concertacionista.
Hoy rumbo a los 40 estoy cierto que nadie elige el sentir homosexual, o tampoco opta por lo heterosexual. No creo que importe saber sí la homosexualidad se hereda o se aprende, porque muchas discusiones hemos tenido al respecto, aunque estoy convencido de la necesidad de vivir libremente cualquier orientación sexual posible. Paradójicamente, el respeto a la diferencia lo descubrí cuando joven y participaba en mi parroquia católica de barrio, en la población El Cortijo de Conchalí. En medio de peregrinaciones y liturgias varias, transité por las luchas sociales de una Iglesia comprometida con los pobres y la democracia. Fui monitor de las Colonias Urbanas, monitor de las primeras comuniones, tío de confirmación y destaqué en otros roles que hicieron crecer en mis fortalezas e idealismos, encarnando convicciones de transformación social. En esos momentos de búsquedas y definiciones sexuales, la Iglesia Católica, la misma que condena las prácticas homosexuales, se transformó en un lugar acogedor y familiar. Curiosamente, en tiempos de Pinochet, esa misma iglesia conservadora me ayudó a definir mi homosexualidad.
Terminada la dictadura militar, alejado de la iglesia y de lleno en esclarecimientos personales, escuché de la existencia de un grupo de homosexuales organizados y conocí a un amigo clave en el proceso, que me ayudó a descubrir al naciente movimiento gay chileno. Su nombre es Víctor Parra, él era monitor de talleres de artesanía en la Población Juanita Aguirre, en Conchalí. Ahí, fabricando artesanías de papel, observando su figura robusta, atenta y delicada, descubrí que algo más íntimo nos unía más allá de lo meramente artesanal: la homosexualidad. Lo que en ese minuto no percibía, era la importancia que Víctor Parra adquiriría en mi despertar político, homosexual y combativo. Entre chanchitos y palomitas de papiro, nuestras conversaciones de tarde nos llevaron a hablar del Movimiento de Liberación Homosexual y de sus idearios de libertad y emancipación.

Recuerdo que mi primer encuentro más directo con el Movimiento Homosexual aconteció en una marcha del Informe Rettig, en marzo de 1992. Un poco antes de eso, pedí a Víctor Parra que me invitara a las reuniones semi clandestinas que efectuaba el MOVILH en una vieja casona del centro de Santiago. Pero mientras esperaba la nunca concretada invitación, por azares del destino, me encontré con los compañeros del MOVILH en plena marcha por los Derechos Humanos un 4 de marzo de 1992, en la Alameda de las Delicias. Ahí, frente al Palacio de Gobierno, marchaban los que más tarde serían mis compañeros de tantas intensas batallas. Ellos, que a diferencia de otros heterosexuales que marchaban a rostro descubierto, enfilaban a la cola de la caminata con sus rostros enmascarados esquivando el estigma social, vistiendo un riguroso luto en homenaje a las víctimas de la dictadura militar y enarbolando un lienzo que rezaba: Por nuestros hermanos caídos. Movimiento de Liberación Homosexual. Entonces, superado por la sorpresa y venciendo el miedo, me sumé al grupo, sin saber que ese solo instante sería trascendente para la trayectoria política del movimiento homosexual chileno e histórico en mi propia vida.

Después de ese inolvidable evento, me integré decidido a las filas del Movimiento de Liberación Homosexual, asumiendo diversas responsabilidades políticas y públicas; entre ellas, fundar y animar el primer programa radial de lesbianas y homosexuales en Chile, Triángulo Abierto, sumado a mi rol de coordinador del MOVILH durante los años más duros de nuestra lucha pública. Eran los tiempos más complejos, efervescentes y desafiantes de nuestra historia. Tiempos en que recogíamos poca, pero consistente solidaridad de la izquierda política más postergada, de pensadoras y movimientos feministas (que históricamente han impulsado las luchas del movimiento homosexual internacional) y de la intelectualidad post marxista, que veía en las nosotros y nosotras; lesbianas, homosexuales y travestís politizados y emancipados, la posibilidad cierta de un profundo cambio social en Chile. Un cambio substancial que quedó trunco con el sangriento derrumbe de la democracia el 11 de septiembre de 1973.

Años después de haber ingresado al Movimiento de Liberación Homosexual, MOVILH, y luego de fortalecer y profundizar un trabajo complejo debido a mis enfoques políticos, estratégicos e institucionales más radicales al interior del mismo movimiento gay, resolví apartarme de la dinámica organizacional, asumiendo un rol más díscolo e independiente del Movimiento de Liberación Homosexual, creando lo que más tarde sería conocido en manifestaciones públicas como El Che Guevara de los Gays. Un Che Guevara homosexual que buscó reinventar metafóricamente la utopía libertaria de la izquierda latinoamericana, pero encarnada en personajes contemporáneos, desvalidos y estigmatizados, entre ellos, las minorías sexuales; lesbianas, travestis y homosexuales.

Un poco antes, pero paralelo a la militancia homosexual, comencé mis estudios de periodismo en la Universidad ARCIS, titulándome de periodista en septiembre del 2000. Buscando ser consecuente con mi personal historia de vida, la militancia política homosexual y los estudios teóricos; asumí el programa de radio del MOVILH y comencé a desarrollar mi tesis de grado sobre la Historia Política del Movimiento Homosexual en Chile en UARCIS. Una tesis acorde a los tiempos, que hoy ve la luz en este recuento histórico, que recoge escenas del esqueleto social, cultural, humano y político de nuestra lucha social por conquista un justo espacio bajo el sol.

Junto con el rescate de la memoria homosexual en tiempo donde se desecha el pasado, cortando y recortando los hitos fundamentales que han tejido el caminar político de lesbianas, homosexuales y travestis en Chile, la particularidad de este relato histórico, es el valor de aventurarse a contar la propia historia desde el centro de la enunciación, es decir, sin temer al registro del testimonio personal, biográfico, pero apelando a la consecuencia histórica de los personajes enunciados y a una política representacional que liga identidades biográficas con luchas políticas históricas. El presente relato histórico, en tanto rescata la memoria de un colectivo de la sociedad chilena que no ha sido debidamente registrado en la historia política tradicional, cumple así la doble artesanía de incluir relatos colectivos, públicos y trascendentes, alimentados con las particulares vivencias autobiográficas de un periodista e investigador social, transformado en activista y protagonista de acontecimientos extraordinarios.

El título del libro, BANDERA HUECA, cita la performance perpetrada en tanto activista homosexual, cuando el 4 de mayo de 1994, en medio de un Congreso del Partido Socialista y en presencia de la ex Primera Dama de Francia, Danielle Mitterrand, solicité su apoyo a la lucha en contra del artículo 365 del Código Penal que castigaba con cárcel la sodomía consentida entre hombres, desplegando ante el asombro de los políticos presentes, una bandera chilena rota con un hueco en su centro, simbolizando así el espacio hueco, ocupado por lesbianas, trans y homosexuales de Chile.

Víctor Hugo Robles
Santiago de Chile, abril de 2008

3 Comments:

Blogger Xavi said...

Hola Victor Hugo

Me llamo Javier Navarro. Hace unos años ví un documental en el que presentabas, en primera persona, tu trayectoria. De luchador, inconformista... homosexual que consigue que sintamos, gays o no, la necesidad de vindicar nuestro derecho a ir con la cabeza bien alta. Me quedé fascinado. Ahora descubro que sacas un libro. Enhorabuena y suerte. Por cierto; cuándo y dónde lo podremos conseguir en España? Será un placer leerlo. Un abrazo muy grande.

4:49 PM  
Blogger Victor Hugo Robles said...

Xavi

Imagino que viste el documental en el sitio de Carla Antonelli? Me encantaría presentarlo en España y gritarle la vida al Rey, pero seguro se dará la posibilidad, por lo pronto publicaremos todo el libro, por capítulo semanales en la página de Carla. Espero te deleite.

Besos desde Chile

Víctor Hugo :)

1:46 PM  
Blogger Daniela said...

Victor Hugo: Hola, soy Daniela, la de la obra de teatro, de Valencia, ¿te acuerdas? Primero que nada quería felicitarte por el lanzamiento de tu libro, muchos abrazos y los mejores deseos, sin duda que hacía mucha falta en chile un documento acerca del trabajo de los movimientos homosexuales. Por supuesto me muero de ganas de leerlo, voy a ver como lo consigo desde aquí. Otra cosilla, te he tratado de escribir pero me rebotan los mensajes, creo que anoté mal tu dirección. Me podrías mandar un mensaje cualquiera, mi dirección es dkapona@hotmail.com. Así tengo la tuya, porfa. La obra va en camino, tengo dudas, ideas, y algunos trozos escritos ya, un poco de todo. Bueno, nuevas felicitaciones, un abrazo grande desde Valencia. (escribéme porfavor)
Daniela

2:44 AM  

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