UN POCO DE HISTORIA
Bitácora de una mariquita anarca y comunista A mediados de 1997, mientras el MOVILH experimentaba una aguda crisis política y un alto nivel de intolerancia hacia los homosexuales de Chile se expresaba en un estudio de opinión pública realizado por la criolla Fundación IDEAS, comencé a desarrollar una serie de acciones de impacto, creando tiempo después un personaje conocido como "El Che Guevara de los Gays”. Estas acciones, aceptadas y comprendidas por unos y rechazadas por otros, contribuyeron a dar visibilidad pública a la lucha homosexual y por tal motivo las incluyo en esta memoria.
“La yerba está conmigo, yo estoy contigo”
Un poco antes de que emergiera el “Che de los Gays”, recuerdo haber asistido al acto de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), realizado el 1 de mayo del 1997, en el parque Almagro de la capital. Así, previo al nacimiento del “Che Gay” e intentando entrecruzar intrépidas demandas sociales con las utopías del mundo gay, aparecí con una corona de espinas emulando a Jesús y un marco adornado con una pancarta que rezaba: “La yerba está conmigo, yo estoy contigo”. Use esta audaz consigna porque, según me comentó Pedro Henríquez (el ex locutor de radio Umbral), fue la consigna usada por los hippies criollos durante los años 70 para expresar su apoyo a Salvador Allende Gossens, el candidato de la izquierda. Entonces, entendiendo muy poco de mi delirio con Jesucristo, la marihuana y Salvador Allende, la prensa destacó la presentación atribuyéndole contrapuestos significados. Así, pese a mi obligado destierro del Movimiento de Liberación Homosexual MOVILH, después de la toma travesti descubrí esta particular forma de permanecer activo, visible e independiente.La Patty mojadaRecuerdo que mi delirio con el Che Guevara comenzó el 4 de septiembre de 1997, en el contexto de un nuevo aniversario de la muerte del mítico guerrillero argentino en Bolivia. Pretendiendo hermanar su fantasía revolucionaria con nuestra homosexual utopía de liberación y armado de una boina negra estrellada (simulando la del Che), la camiseta número 11 de la selección chilena de fútbol, un bidón que decía AZT (el nombre de la primera droga contra el SIDA) y los labios pintados de rojo furioso, me presenté en la discoteca Planet de la capital en una fiesta en contra de la censura organizada por el performacista y productor teatral, Vicente Ruiz. Y en un minuto de locura, cando la actriz Patricia Rivadeneira (actual agregada cultural de Chile en Italia) abogaba por la libertad de expresión en nuestro país, le arrojé un chorro de agua que tenía en el bidón de AZT para “provocar al provocador”. Vicente Ruiz no captó el sentido simbólico de mi irreverente acto y ordenó expulsarme del lugar con rudos guardias de seguridad. “Esto es censura, esto es censura”, gritaba desesperado, mientras el público pensaba que todo era parte del espectacular show alternativo montado por el controvertido productor cultural. Luego, fuera de la discoteca, me desquité del censurador lavándome el trasero con la misma agua que le había arrojado a la famosa actriz, y declarando mi malestar por la censura a la prensa. Si bien puedo haber sido entendido como una agresión, el acto era una metáfora, un juego, un experimento, “provocar al provocador”, tensionar los límites de la libertad y la censura. “Una cosa es abrir un espacio de libertad para que la gente se diga cosas y otra es que la gente te basuree. Yo no voy a permitir que nadie venga a romper la integridad de mi entorno familiar y creo que reaccioné como lo haría cualquier persona; imagínate que hubiera sido bencina en vez de agua y le tira un fósforo, nadie alcanza a reaccionar, nadie, y hoy día estaríamos en otra”, declaró Vicente Ruiz al diario La Tercera, el 6 de septiembre de 1997.

