Cueca sola
Terminado un inédito año de protagonismo y visibilidad pública, en un luminoso medio día del 21 de noviembre de 1997, me presenté en la inauguración de la 17 Feria Internacional del Libro de Santiago, efectuada en la Estación Mapocho, desarrollando una de las más comentadas y políticas performance del “Che Guevara de los Gays”. Ahí todo era como cualquier inauguración oficial. Estaban los invitados culturales de siempre, un sin número periodistas, escritores varios y las más altas autoridades políticas del país. Todo era tan habitual, que nada hacía presagiar lo que más tarde ocurriría. Nada. Excepto mis labios pintados de rojo furioso, mi boina tipo Che y cierto aire de acontecimiento que presentía en el distendido ambiente pre - inaugural.
El ajetreo comenzó cuando me senté en la primera fila, saludando amablemente a la ex primera dama de Chile, Hortensia Bussi de Allende. Ella, cariñosa, se volteó al escuchar mi saludo, mostrándose visiblemente sorprendida por mi particular y amariconado atuendo. Entonces; ella sonrió un poco confundida y se sentó junto a otros invitados ilustres. Después de que ingresaron a la sala las máximas autoridades del país, entre ellos; Jaime Ravinet, Alcalde de Santiago; José Pablo Arellano, Ministro de Educación y el entonces Presidente del Senado, Sergio Romero, comenzó la inauguración oficial de la Feria del Libro con la interpretación del Himno Nacional a cargo del Orfeón Municipal. Entonces, una indescriptible energía movilizó mi accionar y así, díscolo y temerario, salté al escenario con pañuelo rojo en la mano y comencé a bailar una desenfrenada cueca al ritmo de la canción nacional, mientras gritaba; “Juicio a Pinochet, juicio a Pinochet, por los desaparecidos, juicio a Pinochet”.
No obstante mi presencia, nadie atinó a reaccionar, pensando que mi perfomance era parte del espectáculo inaugural. Interminables minutos duró la improvisada acción, hasta que rudos guardias de seguridad subieron al escenario y me sacaron a la fuerza de la Estación Mapocho. Después, intentando superar el impasse, las autoridades pedieron disculpas por el hecho. ¡Que bochorno!, comentó un ofuscado alcalde Ravinet.
Preso en un taxiLa inédita situación provocó expectación entre los reporteros que cubrían el evento, quienes siguieron los acontecimientos hasta las puertas de la Estación Mapocho. Allí, custodiado por Carabineros esperé la llegada de un carro policial que, finalmente, nunca apareció. En tanto, la policía no entendía nada e, incluso, después de estar custodiado, un solitario Carabinero me llevó detenido a la Primera Comisaría en un radio taxi, siendo recibido en el cuartel por la teniente Alarcón quien, pese a su amabilidad, no podía creer la información que le entregaban sus subalternos. Luego de varias horas de detención, fui liberado.
Mientras, en la Feria, escritores y autoridades políticas manifestaban encontradas opiniones. "Fue un acto espontáneo, en un ambiente estimulante, amplio y democrático como el del libro, que tolera este tipo de expresiones, impulsos y excentricidades", expresó el escritor Antonio Skarmeta al diario La Nación. "Me pareció muy bien. Encontré extraño que luego pidieran disculpas. A lo mejor pedían disculpas porque no había aún juicio a Pinochet. Por lo menos así lo entendí yo”, declaró el poeta Raúl Zurita. Por su parte, Sergio Romero, entonces presidente del Senado, señaló molesto; "Fue una intervención absolutamente anormal, que no tiene respeto ni por el libro, ni por el himno patrio. Es una vergüenza. No lo considero un ataque al general Pinochet, sino una muestra de grosería e incultura. Lo que más me extraña es que alguna gente del público haya aplaudido. Demuestra que los valores se están perdiendo. No es posible que este tipo de pervertidos opaque una ceremonia internacional”. Al año siguiente, el 16 de octubre de 1998, Augusto Pinochet fue sorpresivamente detenido en la ciudad de Londres acusado por tribunales españoles de crímenes de lesa humanidad. Ese histórico día recordé la cueca sola en la Estación Mapocho.
Patitas de chancho
Tiempo después de la protesta en la Feria del Libro, en marzo de 1998, mucho antes de la detención de Pinochet en Londres, el activismo político monopolizó la atención pública enardeciendo los ánimos de casi todos los chilenos. En ese contexto, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la izquierda criolla organizó una manifestación en el Parque O’ higgins en repudio a las pretensiones parlamentarias del dictador, quien debía jurar como senador vitalicio días después. Ingenioso y audaz, me presenté en el acto armado con mi boina tipo Che, la camiseta de la selección chilena y con un cartel que decía “JUICIO A PINOCHET”, adherido a un marquito de madera adornado con patitas de chancho. En este desbordante y concurrido evento, debuté con mis clásicas patitas de chancho. El día del juramento de Pinochet “ardió Troya” en Valparaíso. Gladys Marín y Sola Sierra (fallecida presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos desaparecidos) fueron brutalmente golpeadas por Carabineros, mientras el “Che de los Gays”, junto a una resuelta multitud sumado a un grupo de diputados de la Concertación, desfiló desafiante por las calles del puerto con una bandera de Chile ensangrentada, recordando de este modo la sangre derramada por todas las víctimas de la dictadura militar.
Instalado Pinochet en el Senado, las siempre pendientes demandas del movimiento sindical continuaron su lenta agonía concentrando su desencanto en el acto de la Central Unitaria de Trabajadores del 1 de mayo de 1998. Allí, deseando unir las reivindicaciones del mundo obrero con la utopía libertaria de los gays, me presenté con una corona de espinas, la camiseta de la selección chilena, los labios rojos y el cuadrito de patitas de chancho con cartel que decía; “EL PUEBLO UNIDO”. En un minuto, cuando el entonces presidente de la CUT, el socialista Roberto Alarcón, terminaba de leer su discurso, salté las rejas de seguridad del escenario y me desnudé frente a la multitud. Y coincidentemente, el mismo día, otra persona protagonizó un desnudo minutos antes que el boxeador Martín Vargas disputara el título latinoamericano de boxeo. Por lo mismo, el diario La Nación tituló la noticia como; “Fiebre nudista llegó a Chile”.
En otra ocasión, un mes antes de que Pinochet fuera detenido en Londres y cuando se conmemoraron los 25 años del golpe militar, el Che de los Gays volvió a hacer de las suyas en un acto público. En un emotivo homenaje a Salvador Allende realizado en el Estadio Nacional, el 4 de septiembre de 1998, me presenté vestido de rojo, con una banda presidencial y una girasol gigante, protagonizando una colérica vuelta olímpica en la cancha del Estadio Nacional. Días después, en medio del lanzamiento de un libro sobre Salvador Allende escrito por el sociólogo Tomás Moulián, protagonicé otra insólita instalación. Nadie lo esperaba, pero motivado por la emisión del emblemático discurso radial que el fallecido presidente del 11 de septiembre, me dirigí al escenario de actos de la Biblioteca Nacional e instalé una figura de yeso de San Sebastián de Yumbel al lado del reconocido autor del libro “Chile Actual, Anatomía de un mito”.
Virgen rota
Y mientras Pinochet permanecía detenido en Londres, perseverando en un tiempo de iconoclasta actitud, el 22 de noviembre de 1998, me presenté en un acto de la izquierda en el Parque O'Higgins, vestido de novia y llevando una figura de yeso de la Virgen del Carmen (la patrona del Ejército chileno), quien a su vez portaba un pequeño cartelito que decía ¿Dónde Están? Ahí, en medio de la actuación del popular grupo “Sol y Lluvia”, subí al escenario y bailé las contagiosas melodías del famoso conjunto musical. Así estuve durante varios minutos, hasta que frente a la mirada atónita de los periodistas y público presente, cerré la intervención lanzando la virgen al suelo, rompiendo de este modo la virgen de yeso de los militares chilenos.
La escena fue aplaudida por algunos, entre ellos Gladys Marín, pero reprobada severamente por otros. Viviana Díaz, la entonces vive presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, se molestó por la “herejía” y me manifestó abiertamente su rechazo. Pero, más allá de su justo parecer, el controvertido hecho quedó en la retina del público presente en la masiva manifestación, recibiendo la casi total censura de la prensa presenté en el acto. La excepción llegó de parte del desaparecido canal de televisión juvenil, Rock and Pop quien, a través de sus deslenguados periodistas, Marcelo Comparini y Marcos Silva del aplaudido programa Plaza Italia, expresaron no entender nada y exigieron una “santa explicación”.